Tuvo más riqueza, placer y proyectos que cualquiera: oro, casas, viñas, todo lo que sus ojos desearon. Lo probó a fondo para responder una pregunta: ¿da esto sentido a la vida? Con la mente ya renovada, su conclusión fue demoledora: sin Dios, todo es “vanidad”, humo que no llena. No despreció el dinero; entendió su lugar. Temer a Dios: eso es el todo del hombre.
“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.”
Eclesiastés 5:10