Endeudada y a punto de perder a sus hijos, la viuda le dijo al profeta que no tenía nada… salvo una pequeña vasija de aceite. Eliseo no le regaló dinero: le hizo ver lo que ya tenía en casa. Con esa reserva mínima y fe, Dios multiplicó el aceite hasta llenar todas las vasijas prestadas — suficiente para pagar la deuda y vivir de lo demás. La provisión empezó con un inventario honesto de lo que tenía.
“¿Qué tienes en casa? Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite.”
2 Reyes 4:2