Su campo produjo tanto que no sabía dónde guardar. Su plan fue puro “yo, para mí”: derribar sus graneros, construir mayores, y decirse “alma, tienes muchos bienes; come, bebe, repósate”. No hubo Dios en sus cuentas, ni prójimo. Esa misma noche murió, y todo lo acumulado quedó para otro. Jesús lo llamó necio: fue rico para sí mismo, pero no para con Dios.
“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?”
Lucas 12:20