Un hombre confió su dinero a tres siervos antes de un largo viaje. Dos pusieron a trabajar lo recibido y lo duplicaron. El tercero, por miedo, enterró su talento y no hizo nada. Al volver, el señor llamó “buenos y fieles” a los que multiplicaron, y “malo y negligente” al que enterró. La lección: Dios no premia esconder por miedo, sino hacer fructificar con fe lo que confió.
“El que había recibido cinco talentos… ganó otros cinco. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel.”
Mateo 25:20-21