Pablo escribió sobre el contentamiento desde una cárcel, no desde una mansión. Había conocido los dos extremos: pasar hambre y tener abundancia, ser honrado y ser azotado. Y en todo aprendió un secreto que lo hacía libre: su gozo no dependía de sus circunstancias ni de su bolsillo, sino de Cristo. Por eso podía estar preso y aun así escribir sobre el gozo.
“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
Filipenses 4:11-13